Un desconocido me pidió que fingiera conocerlo, pero el peligro era para mí
Un encuentro inesperado en la terminal
El sol de la tarde se filtraba a través de los enormes ventanales de la terminal del aeropuerto de Madrid-Barajas, tiñendo todo de un tono dorado y nostálgico. Felipe, un hombre de treinta y ocho años con una chaqueta de cuero marrón desgastada, observaba el ir y venir de los pasajeros. Para él, ese aeropuerto representaba un nuevo comienzo, la oportunidad de dejar atrás los fantasmas de un pasado turbulento que casi le cuesta la vida. Estaba sentado en un banco metálico, absorto en sus pensamientos, cuando el ambiente tranquilo se rompió por completo.
Un joven de unos veinte años, vestido con una sudadera roja y una mochila al hombro, corría desesperadamente por el pulido suelo de la terminal. Su respiración era agitada y sus ojos reflejaban un pánico absoluto. De repente, el muchacho se desvió de su trayectoria y se dirigió directamente hacia Felipe. Antes de que este pudiera reaccionar, el joven le agarró del brazo con una fuerza nacida de la desesperación más pura.

Por favor, finge que me conoces. Te lo ruego.
Felipe se quedó paralizado por un segundo. Su primer instinto fue zafarse, pero la mirada aterrorizada del chico, que se llamaba Rubén, despertó en él un antiguo instinto de protección. Felipe miró rápidamente a su alrededor para evaluar la amenaza. A lo lejos, inmóvil junto a una columna, un hombre alto con un largo abrigo negro los observaba con frialdad. Felipe, sin pensarlo dos veces, tiró de Rubén y lo estrechó en un abrazo protector.
Quédate conmigo y no reacciones. Todo va a salir bien —susurró Felipe al oído del joven, intentando transmitirle una calma que él mismo no sentía.
Sin embargo, la respuesta de Rubén hizo que el corazón de Felipe se detuviera por completo. El chico, temblando entre sus brazos, se acercó a su oído y pronunció unas palabras que cambiaron las reglas del juego:
No me está siguiendo a mí. Te está esperando a ti.
”El chico, temblando entre sus brazos, se acercó a su oído y pronunció unas palabras que cambiaron las reglas del juego:No me está siguien…