Secretos de familia · Ficción breve

Un parche de lobo y el reencuentro que salvó a mi hija de una trampa mortal

Un parche de lobo y el reencuentro que salvó a mi hija de una trampa mortal — Parte 1
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El encuentro en la cafetería de carretera

El tintineo de las tazas y el murmullo de fondo de la cafetería de carretera no lograban calmar el torrente de pánico que inundaba el pecho de Teresa. Sentada en el reservado de color verde bosque, sentía que cada segundo que pasaba al lado de Borja era un paso más hacia un abismo del que nunca regresaría. Él se había levantado para pedir algo en el mostrador, dándole una breve tregua. Fue entonces cuando Teresa lo vio: un hombre de gran envergadura, con una barba tupida y un chaleco de cuero marrón gastado por los años, sentado a pocos metros.

Lo que llamó su atención no fue su imponente tamaño, sino el parche bordado en su chaleco. Un lobo aullando bajo la luna. El recuerdo de las últimas palabras de su madre, Rosa, resonó en su mente como una campana en la noche: "Si alguna vez estás en peligro y no tienes a dónde ir, busca al hombre con el parche del lobo".

Un parche de lobo y el reencuentro que salvó a mi hija de una trampa mortal

Sin dudarlo, Teresa se deslizó de su asiento y se sentó al lado del desconocido, sintiendo el frío del miedo en sus huesos.

—¿Señor? —susurró, con la voz temblorosa.

El hombre se giró despacio, con una expresión seria y curtida por el viento del camino. Teresa se inclinó hacia él, desesperada por encontrar un salvavidas en medio de la tormenta.

—Ese no es mi padre —murmuró al oído del gigante, señalando con la mirada a Borja.

Borja, desde el mostrador, notó la ausencia de la joven y se giró con sospecha. Su mirada se ensombreció al verla hablar con el motero.

—¿Estás bien? —preguntó Borja con una voz gélida, aproximándose lentamente.

El motero, manteniendo la calma, deslizó un bote de metal sobre la mesa y se preparó para lo que venía.

—Quédate detrás de mí. Tenemos que hablar —le dijo a Teresa con firmeza.

Teresa, con el dedo temblando, señaló el parche del lobo.

—Mamá dijo que, si algún día veía ese parche, debía correr hacia ti —confesó con lágrimas en los ojos.

El hombre la miró con asombro y una profunda emoción contenida en sus ojos oscuros.

—¿Cómo se llama tu mamá? —preguntó con voz ronca.
—Rosa —respondió ella.

—preguntó con voz ronca.—Rosa —respondió ella.