Secretos de familia · Ficción breve

Un parche de lobo y el reencuentro que salvó a mi hija de una trampa mortal

Un parche de lobo y el reencuentro que salvó a mi hija de una trampa mortal — Parte 2
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Anteriormente: Teresa huía de un hombre peligroso que decía ser su padre. Al entrar en una cafetería de carretera, un parche de lobo en el chaleco de un motero lo cambió todo.

El secreto del pasado

El nombre de Rosa flotó en el aire de la cafetería como un conjuro que detuvo el tiempo. Bernardo, el gigante del chaleco de cuero, sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Rosa, la única mujer que había amado en su vida, la que había desaparecido de la noche a la mañana hacía casi veinte años para protegerlo de los enemigos de su propia familia. Ahora, frente a él, estaba la hija de ambos, la niña que Rosa había ocultado para mantenerla a salvo de la red criminal que ahora la acechaba.

Borja llegó a la mesa con una sonrisa cínica, pero sus ojos denotaban una furia asesina. Metió la mano derecha dentro de su chaqueta gris oscuro, insinuando la presencia de un arma de fuego.

Un parche de lobo y el reencuentro que salvó a mi hija de una trampa mortal
—Vaya, parece que mi querida hija está molestando a los clientes de la cafetería —dijo Borja con un tono falsamente paternal—. Vamos, Teresa, levántate. Nos vamos ahora mismo. No queremos causar una escena.

Bernardo se levantó lentamente, su enorme figura eclipsando la luz del sol que entraba por el ventanal. La diferencia de tamaño era abrumadora, pero Borja no se amedrentó. Sabía que tenía el control legal de la joven y armas de su lado.

—La chica no va a ninguna parte contigo —declaró Bernardo, con una voz que hizo temblar los vasos de la barra.
—No te metas en lo que no te incumbe, viejo —siseó Borja, mostrando ligeramente el cañón de una pistola por debajo de su solapa—. Tengo la custodia legal de esta chica firmada por un juez. Si intentas interponerte, no dudaré en usar esto. Y créeme, tengo hombres esperando fuera.

Teresa se encogió detrás de la espalda de Bernardo, aterrorizada. Sabía que Borja era capaz de cualquier cosa por el dinero de la herencia de su madre. La tensión en el local era insoportable; el camarero se había agachado detrás del mostrador, presintiendo la inminente tragedia.

La tensión en el local era insoportable; el camarero se había agachado detrás del mostrador, presintiendo la inminente tragedia.