Segundas oportunidades · Historia

Una reclusa defiende a una anciana sin saber que su vida cambiaría para siempre

Una reclusa defiende a una anciana sin saber que su vida cambiaría para siempre — Parte 2
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Anteriormente: Estela arriesgó su propia vida en prisión para salvar a Minerva, una anciana indefensa, de una brutal agresión. Lo que no imaginaba era la verdadera identidad de la mujer y el peligro que desataría.

El secreto detrás de las rejas

Después de la brutal pelea en la cocina, el ambiente en la prisión se volvió aún más denso. Estela sabía que Rosa no olvidaría la humillación de haber sido derribada frente a todo el pabellón. Esa misma noche, mientras ayudaba a Minerva a recuperarse en la penumbra de la lavandería, la anciana decidió romper su silencio. Entre sollozos, le reveló a Estela la conspiración que la había llevado a prisión. Minerva no era una delincuente; era la viuda de uno de los empresarios más ricos del país, y su propio hijastro, Alejandro, la había incriminado para quedarse con toda la herencia familiar.

El plan de Alejandro era perfecto y despiadado. No solo quería despojarla de sus bienes, sino asegurarse de que nunca saliera viva de la cárcel para revelar sus desvíos de fondos y negocios ilegales. Para ello, había sobornado a varios guardias y pagado una enorme suma de dinero a Rosa para que provocara un "accidente" mortal dentro del penal. Al salvar a Minerva, Estela se había interpuesto directamente en los planes de un hombre sumamente poderoso y peligroso.

Una reclusa defiende a una anciana sin saber que su vida cambiaría para siempre

La advertencia de Minerva no tardó en hacerse realidad. Al día siguiente, durante el almuerzo, un repentino apagón eléctrico sumió a la prisión en una oscuridad casi total. De inmediato, las alarmas comenzaron a sonar y un motín cuidadosamente planeado estalló en los pasillos principales. Estela comprendió al instante que no se trataba de una revuelta ordinaria; era la cobertura perfecta para que Rosa terminara su trabajo pendiente.

Guiando a Minerva a través de los pasillos oscuros, Estela intentó llegar a una zona segura, pero fue inútil. En un callejón sin salida del pabellón de lavandería, Rosa y tres de sus secuaces les cerraron el paso. En sus manos, Rosa sostenía un destornillador afilado que brillaba bajo las luces rojas de emergencia. "Se te acabó la suerte, Estela", siseó la criminal, avanzando con paso firme mientras Minerva temblaba de terror detrás de su protectora.

"Se te acabó la suerte, Estela", siseó la criminal, avanzando con paso firme mientras Minerva temblaba de terror detrás de su protectora.