Una reclusa defiende a una anciana sin saber que su vida cambiaría para siempre
Anteriormente: Estela arriesgó su propia vida en prisión para salvar a Minerva, una anciana indefensa, de una brutal agresión. Lo que no imaginaba era la verdadera identidad de la mujer y el peligro que desataría.
Una verdad revelada bajo la luz
El destornillador de Rosa descendió con una velocidad mortal, pero Estela esquivó el ataque con una precisión asombrosa. En lugar de retroceder, Estela utilizó la fuerza de su oponente para desarmarla, proyectando a Rosa contra las tuberías de vapor. Sin embargo, las otras tres reclusas se abalanzaron sobre ellas. Justo cuando la situación parecía insostenible, las pesadas puertas de metal del pabellón se abrieron de golpe. Una unidad de operaciones especiales de la policía, armada hasta los dientes, irrumpió en el lugar, ordenando a todas que se tiraran al suelo de inmediato.
Rosa y sus cómplices obedecieron aterrorizadas, pero para sorpresa de Minerva, los oficiales no apuntaron a Estela. Al contrario, el capitán de la unidad se acercó a ella y le entregó una chaqueta oficial. Estela no era una reclusa común; era una inspectora de la policía nacional que se había infiltrado en San Guillermo con una misión específica. Su objetivo era proteger la vida de Minerva y obtener las pruebas definitivas del complot financiero y de los intentos de asesinato ordenados por su hijastro, Alejandro.

Durante el altercado en la cocina y la posterior confesión de Minerva, Estela había estado grabando todo a través de un dispositivo oculto en su uniforme de trabajo. Además, la policía ya había interceptado las transferencias bancarias que Alejandro había realizado a la cuenta de Rosa y a la del subdirector de la prisión, quien facilitó el apagón. Con estas pruebas contundentes, Alejandro fue detenido esa misma noche en su mansión, enfrentando cargos de fraude masivo e intento de homicidio.
Minerva, con lágrimas de gratitud en los ojos, fue escoltada fuera de la prisión como una mujer libre, con su honor y su herencia completamente restaurados. Estela la acompañó hasta las puertas del penal, despidiéndose con un cálido abrazo. Al final, la justicia demostró que incluso en los rincones más oscuros y corruptos del mundo, siempre hay una luz dispuesta a brillar para proteger a los inocentes.


