La inspectora que arriesgó su placa para salvar a su hermana de un monstruo
Anteriormente: Cuando Claudia despertó en el hospital tras el brutal ataque de su prometido, pensó que estaba a salvo con su hermana, la inspectora Sara. Pero el peligro real acababa de cruzar la puerta.
Justicia bajo la luz roja
El comisario Martín avanzó con frialdad, confiado en que el apagón del hospital le daría la cobertura perfecta para inyectar una dosis letal en la vía de Claudia y hacer pasar su muerte por un fallo cardíaco. Sara se interpuso firmemente delante de la cama de su hermana, con la mano apoyada en la culata de su arma reglamentaria.
—Sé lo del dinero, Martín. Sé que usaste las cuentas de la empresa de Claudia para blanquear los fondos del cártel del Sur. Pero no vas a salir de aquí libre —declaró Sara con voz de acero.
Martín soltó una carcajada cínica, levantando la jeringuilla. Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso más, Sara no desenfundó su arma, sino que presionó un botón en su radio de hombro. De repente, los altavoces de la planta del hospital reprodujeron la voz de Martín confesando su implicación, transmitida en directo a la central de policía.

—Pensaste que el apagón jugaría a tu favor, pero yo ya sospechaba de ti desde que Marcos esquivó el primer control. Toda la jefatura está escuchando esto —reveló la capitana con una sonrisa triunfante.
Desesperado, Martín se abalanzó sobre Sara, intentando clavarle la aguja. Pero la capitana demostró una vez más por qué era la mejor de su promoción. Con un movimiento rápido, esquivó el ataque, bloqueó el brazo de Martín y, utilizando su propio peso, lo proyectó contra el suelo del hospital, haciendo que la jeringuilla saliera despedida y se rompiera en mil pedazos. En ese momento, las luces principales se encendieron de golpe y tres agentes de asuntos internos irrumpieron en la sala para esposar al comisario corrupto.
Horas más tarde, a salvo en un lugar seguro, Claudia abrazó a su hermana con lágrimas de alivio. Habían perdido su empresa y su antigua vida, pero habían salvado lo más importante: su vínculo inquebrantable. Al final del día, la verdadera justicia no solo reside en una placa, sino en el valor indomable de proteger a quienes amamos por encima de cualquier traición.


