Venganza · Ficción breve

Una novata humillada en prisión revela su verdadera identidad para salvar su vida

Una novata humillada en prisión revela su verdadera identidad para salvar su vida — Parte 3
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Anteriormente: Cuando Sara entró en la prisión de Cruz del Sur, pensaron que sería una presa fácil. Pero la brutal agresión de la líder del pabellón despertó a un gigante dormido que nadie esperaba.

La última carta de la novata

Las horas pasaron con una lentitud tortuosa. Cuando el timbre de queda resonó en el pasillo, las luces de la prisión se apagaron de golpe. Sara permaneció sentada en el borde de su litera, escuchando los pasos sigilosos que se aproximaban a su celda. Entre las sombras, la silueta de Carla apareció armada con un objeto punzante improvisado. La venganza y la orden de ejecución estaban a punto de cumplirse.

Carla se abalanzó sobre ella con furia ciega, pero antes de que el arma pudiera tocar a Sara, un estruendo ensordecedor sacudió todo el pabellón. Las alarmas de emergencia comenzaron a sonar y las luces de alta intensidad se encendieron de golpe, cegando a las agresoras. Un equipo de agentes de Asuntos Internos, acompañados por la policía nacional, irrumpió en el módulo con armas tácticas.

Una novata humillada en prisión revela su verdadera identidad para salvar su vida

Sara no había cedido al chantaje de Bermúdez. En lugar de eso, había utilizado su única llamada telefónica reglamentaria para contactar a un fiscal federal de confianza, entregándole las pruebas de la extorsión de Bermúdez y la conspiración de su exmarido que guardaba celosamente. La trampa no era para Sara; la trampa había sido diseñada por ella para atrapar a toda la red de corrupción.

La inspectora Bermúdez y Carla fueron esposadas en el acto, bajo la mirada atónita de las demás reclusas. El imperio de terror en el módulo tres había terminado. Semanas después, gracias a las pruebas obtenidas durante la redada, el caso de Sara fue revisado y su exmarido fue arrestado por fraude y conspiración para el homicidio.

Al cruzar las puertas de la prisión como una mujer libre, Sara miró hacia atrás por última vez. Sabía que la verdadera fuerza no residía en los puños, sino en la capacidad de mantener la cabeza fría cuando todos los demás esperan que te rindas.

Fin