Venganza · Historia

La traición que me mandó a prisión se pagó con sangre tras las rejas

La traición que me mandó a prisión se pagó con sangre tras las rejas — Parte 3
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Tania fue traicionada por la persona en quien más confiaba y terminó en una prisión de alta seguridad. Allí, rodeada de peligro, tendrá que luchar por su vida y desentrañar una oscura verdad.

El giro del destino

Justo cuando la sargento Ortega levantó la porra para asestar el primer golpe, Tania no retrocedió. En su lugar, extendió la mano y mostró un pequeño objeto metálico que brillaba bajo la tenue luz de la celda: un diminuto grabador digital de voz, un dispositivo que había logrado camuflar gracias a la ayuda de Lucía.

—Si me tocas, Ortega, este archivo se enviará automáticamente a la oficina del director y a Asuntos Internos —dijo Tania con una calma que desarmó a la guardia—. Cada palabra de mi hermana, y tu confirmación de haber aceptado el soborno, está grabada aquí. Lucía tiene el receptor en el pabellón de enfermería, listo para transmitirlo si yo no salgo ilesa de esta celda.

La traición que me mandó a prisión se pagó con sangre tras las rejas

La sargento se congeló. El sudor frío comenzó a resbalar por su frente. Sabía que perdería su empleo y terminaría vistiendo el mismo uniforme que las reclusas si esa grabación salía a la luz. Lentamente, bajó el arma.

¿Qué es lo que quieres? —preguntó Ortega, con la voz temblorosa.

—Quiero mi libertad —respondió Tania—. Vas a testificar contra mi hermana Sandra y a entregar todas las pruebas de sus transferencias bancarias a mi abogado. A cambio, borraré tu nombre de esta grabación.

Acorralada, la sargento Ortega no tuvo más remedio que aceptar el trato. Dos semanas después, gracias a las pruebas aportadas por la funcionaria y a la confesión forzada de Sandra, el caso contra Tania se desmoronó. Tania cruzó las puertas de Soto del Real como una mujer libre, mientras que su hermana Sandra era arrestada esa misma mañana por fraude, falsificación y conspiración para el homicidio.

Al salir al aire libre, Tania respiró hondo, sabiendo que la justicia tarda, pero cuando llega, es implacable. No hay rejas capaces de contener la verdad cuando el corazón que la defiende se niega a rendirse.

Fin