Traición · Historia

Me protegió en prisión del hombre que me traicionó, pero el peligro real apenas comenzaba

Me protegió en prisión del hombre que me traicionó, pero el peligro real apenas comenzaba — Parte 1
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Una aliada en el infierno de cemento

El sol de la tarde caía implacable sobre el patio de cemento de la prisión de Alcalá-Meco. Las altas paredes de piedra gris parecían absorber el calor, creando una atmósfera asfixiante que reflejaba la tensión constante de aquel lugar. Margarita, una mujer madura de cincuenta y cinco años cuya elegancia natural aún no había sido apagada por el tosco uniforme deportivo gris, caminaba despacio por el perímetro. Su mente estaba lejos, recordando la traición que la había llevado allí.

De repente, el violento impacto de un balón de fútbol en su costado la derribó al suelo. El dolor fue agudo, pero lo que realmente la paralizó fue el silencio repentino que se apoderó del patio. Margarita intentó incorporarse, pero sus fuerzas flaquearon. Fue entonces cuando Sara, una joven reclusa de mirada intensa y brazos cubiertos de tatuajes que se había convertido en su única amiga, se arrodilló a su lado con genuina preocupación.

Me protegió en prisión del hombre que me traicionó, pero el peligro real apenas comenzaba
—Margarita, no te muevas. Déjame ayudarte —susurró Sara, sosteniendo su hombro con firmeza.

Antes de que pudiera levantarla, una sombra se proyectó sobre ellas. Begoña, una de las reclusas más peligrosas del patio, se acercó con una sonrisa cargada de veneno. Detrás de ella, Carla, una mujer corpulenta y de mirada fría, le cubría las espaldas.

—La pelota ha dado justo donde debía, ¿verdad? —siseó Begoña, deleitándose con la vulnerabilidad de Margarita—. Se acabó para ti.

Cuando Begoña se lanzó al ataque, Sara reaccionó con la velocidad de un felino. Se interpuso de inmediato, bloqueando el avance de Begoña con un movimiento limpio. Al ver esto, Carla cargó con todo su peso hacia Sara. Pero la joven tatuada demostró por qué nadie se atrevía a cruzarla en la calle. Con un esquive perfecto, Sara conectó un rodillazo fulminante en el abdomen de Carla, seguido de un revés preciso y demoledor que la mandó inconsciente al suelo. Con la amenaza neutralizada, Sara volvió a arrodillarse para ayudar a Margarita a ponerse de pie, bajo la mirada atónita de las demás reclusas.

Con la amenaza neutralizada, Sara volvió a arrodillarse para ayudar a Margarita a ponerse de pie, bajo la mirada atónita de las demás rec…