Traición · Historia

La ambición de mi prometida casi acaba con la vida de mi abuela

La ambición de mi prometida casi acaba con la vida de mi abuela — Parte 2
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Anteriormente: Arturo pensaba que Diana era la mujer de su vida, pero un violento ataque en el vestíbulo de la mansión familiar desveló una red de mentiras y codicia imperdonable.

La conspiración de la sangre

Con Diana bajo custodia policial, el silencio volvió a reinar en la mansión, pero era un silencio cargado de amargura. Arturo ayudó a su abuela a sentarse en el sofá del salón principal, donde los médicos comenzaron a examinar sus heridas físicas. Afortunadamente, los golpes no habían causado daños graves, pero el alma de Elena estaba rota. Fue entonces cuando Arturo regresó al vestíbulo para recoger el cofre de metal que había desencadenado la agresión.

Al abrirlo, esperando encontrar joyas de la herencia familiar, Arturo descubrió un fajo de documentos que cambiaron su vida para siempre. Había un acta de adopción confidencial y un testamento modificado hacía apenas unos días. Pero lo más doloroso fue encontrar una serie de cartas escritas a mano por su tío Roberto, el hermano menor de su difunto padre, dirigidas explícitamente a Diana.

La ambición de mi prometida casi acaba con la vida de mi abuela
«Tienes que ganarte la confianza del viejo y de Arturo. Si se casan antes de que descubran la modificación del testamento, la mansión y las tierras de Madrid serán nuestras. No falles», decía una de las misivas.

Arturo sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Diana no lo amaba; era una actriz contratada por su propio tío para apoderarse de la fortuna familiar tras haber sido desheredado por sus adicciones al juego. El plan era perfecto: Diana se casaría con Arturo, obtendría el control de los bienes y luego se desharían de la abuela Elena. El violento ataque en el vestíbulo ocurrió porque Elena había descubierto las intenciones de Diana y había intentado esconder los documentos incriminatorios en el cofre.

De repente, el teléfono de Diana, olvidado en la mesa de la entrada, vibró con un nuevo mensaje de Roberto: «¿Está hecho? El coche está listo en la puerta trasera». Arturo sintió una rabia helada correr por sus venas. Decidió que no dejaría que su tío escapara impune de esta traición tan baja.

Decidió que no dejaría que su tío escapara impune de esta traición tan baja.