Me encerraron para silenciarme, pero en el patio de la prisión encontré mi venganza
Anteriormente: Celia sobrevive en una prisión de alta seguridad tras ser traicionada. Cuando defiende a una joven interna de la temible Dolores, desata una guerra que desenterrará los secretos más oscuros de su pasado.
El secreto oculto tras los muros
Celia ayudó a Lucía a levantarse y la guio rápidamente hacia las duchas del pabellón, el único lugar donde podían hablar sin levantar sospechas inmediatas. La joven temblaba incontrolablemente, pero no solo por la paliza que había evitado, sino por el peso de un secreto que amenazaba con destruirlas a ambas.
En la penumbra húmeda de las duchas, Lucía se aseguró de que no hubiera moros en la costa antes de descoser con dedos temblorosos el dobladillo de su camiseta gris. De allí extrajo un diminuto dispositivo de almacenamiento envuelto en plástico.

—Esto es lo que buscaba Dolores —susurró Lucía, con los ojos desorbitados—. Mi hermano trabajaba para Mateo, tu exmarido. Antes de que lo silenciaran, consiguió copiar los archivos que demuestran que te tendieron una trampa. Todo está aquí, Celia. Las pruebas que te exculpan y los registros de los sobornos que Mateo pagó al director de esta prisión para mantenerte encerrada de por vida.
A Celia se le encogió el corazón. La traición de Mateo la había privado de su libertad, de su dignidad y de su vida exterior, pero ahora tenía la llave para recuperar todo lo que le habían arrebatado. Sin embargo, la celebración fue efímera.
De repente, las luces de las duchas parpadearon y se apagaron por completo. El eco metálico de la puerta principal cerrándose a cal y canto resonó como un disparo. De las sombras del pasillo emergieron varias figuras. Dolores, recuperada y armada con un estilete carcelario, lideraba el grupo. Pero lo más alarmante no era ella, sino el hombre que caminaba a su lado con una sonrisa de absoluta impunidad: el director de la prisión.
—Pensaste que eras muy lista, Celia —dijo el director con frialdad—. Pero de aquí no sale nada, y mucho menos vosotras. Entregad el chip y tal vez vuestra muerte parezca un trágico accidente.
”Entregad el chip y tal vez vuestra muerte parezca un trágico accidente.