Me encerraron para silenciarme, pero en el patio de la prisión encontré mi venganza
Anteriormente: Celia sobrevive en una prisión de alta seguridad tras ser traicionada. Cuando defiende a una joven interna de la temible Dolores, desata una guerra que desenterrará los secretos más oscuros de su pasado.
El amanecer de la justicia
Acorraladas contra la fría pared de azulejos, la situación parecía desesperada. Dolores y sus secuaces avanzaron con las armas en alto, listas para ejecutar la orden del director. Pero en lugar de mostrar pánico, Celia esbozó una sonrisa que desconcertó a sus captores.
—Siempre fuisteis muy predecibles —dijo Celia, manteniendo la calma—. Sabía que el director controlaba las duchas. Por eso, antes de entrar aquí, le entregué el chip original a la única persona en la que podía confiar: el inspector de derechos humanos que hoy realizaba la auditoría sorpresa.
El rostro del director se tornó pálido al instante. Antes de que pudiera reaccionar, la pesada puerta de metal de las duchas fue derribada con un estruendo ensordecedor. No eran guardias corruptos, sino agentes de la Policía Nacional fuertemente armados, acompañados por el inspector federal.

Las luces de emergencia se encendieron, inundando la estancia de un brillo rojizo. Dolores y sus cómplices soltaron sus armas de inmediato, arrojándose al suelo bajo las órdenes de los agentes. El director intentó balbucear una excusa, pero fue esposado en el acto ante la mirada triunfante de Celia.
Dos semanas después, las puertas de la prisión de Cruz del Sur se abrieron de par en par para Celia. El cielo ya no era gris; un sol radiante iluminaba su rostro mientras respiraba, por fin, el aire puro de la libertad. Mateo y todos sus cómplices ya ocupaban las celdas que ella había dejado vacías.
Al cruzar el umbral del penal, Celia miró hacia atrás una última vez, sabiendo que su fuerza y su valentía no solo la habían salvado a ella, sino que habían hecho caer a todo un imperio de corrupción. Al final del día, la verdad siempre encuentra su camino hacia la luz, sin importar cuán profundos sean los muros que intenten ocultarla.


